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Bitácora 19: Primeros días

03/07/2019 by Iván Aguado

Tras unos días de travesía por la mar, aislados y sin cobertura al fin podemos comunicarnos con vosotros. Respetando el dicho “si no hay noticias, son buenas”; estamos todos contentos, animados y con ganas de más.

IMG_20190703_140648186 IMG_20190703_141520582 IMG-20190703-WA0000 IMG-20190703-WA0009El primer día fue el más intenso, nos encontramos en Atocha con los nervios a flor de piel apunto de embarcarnos en una aventura; solo dos horas en tren y media en autobús nos separaban de la mejor experiencia que vamos a vivir en mucho tiempo por no decir “para siempre”. Al llegar a L’Ametlla de Mar todos estábamos expectantes, pero cuando vimos la Goleta Alania, nuestro hogar durante los próximos 7 días, comprendimos porqué y para qué estábamos allí. En L’Ametlla de Mar descubrimos playas cerradas llenas de fauna y flora que disfrutamos antes de embarcar.

Nuestro primer tramo fue a través del Delta del Ebro allí hicimos noche. Las salidas eran temprano por las largas distancias que había que cubrir. En nuestra travesía hacía al archipiélago de Columbretes fuimos acompañados por aves marinas como parguelas y gaviotas patiamarillas. Nuestra llegada a la Illa Grossa (la mayor del archipiélago) fue agradecida, hicimos buceo con snorkel para investigar las profundidades de las aguas, vimos: meros, castañuelas, sargos, Thalassoma, salpas, mojarras, erizos, medusas de todo tipo, halcones de Eleonora y gaviotas. También visitamos la isla y conocimos su historia a través de una guía, tuvimos la surte de poder apreciar la belleza de paisaje por la noche.

Lamentablemente no pudimos quedarnos allí dos días, como estaba planeado, por la cantidad de medusas y las condiciones de la mar. Así decidimos cambiar nuestra ruta e irnos hacia Ibiza, también en parte para acortar el trayecto. Durante la travesía, las olas golpeaban la goleta con fuerza, en estas condiciones era imposible el avistamiento de cetáceos, pero tuvimos la gran suerte de avistar dos cachalotes que, a pesar de encontrarse en una zona poco habitual de avistamiento por sus hábitos alimenticios los pudimos ver, fue alucinante. Los descubrimos gracias a su soplido, difícilmente reconocible con las olas, la espuma y el viento del momento. Además, avistamos grupos de delfines listados varias veces, se acercaban al barco, jugaban con el agua, las olas y la espuma, y se ponían boca arriba, como si estuvieran viéndonos e investigando que pasaba.

Al fin llegamos a Ibiza después de 14 horas de navegación, el chapuzón “después de viaje” fue agradecido por todos, en ese momento, la mar estaba como un espejo, clara, llena de vida y plana.

El trayecto Ibiza Cabrera fue ameno, tranquilo y sin avistamientos, al llegar solo nos dio tiempo a coger la zodiac e ir a la isla para hacer una ruta de nueve kilómetros bajo un sol de justicia y se pegaba al cuerpo, por ello más tarde nos dimos un baño en las aguas tranquilas de la bahía.

Fátima y Lidia

 

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